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Pensando en los posibles de nuestra realidad educativa universitaria: un espacio entre la tensión y la satisfacción

Lic. en Psicología Soledad Graglia – Lic. en Psicología Carola Bertona

“Quizás del aplomo inescrutable con que creía saberlo todo a los quince años, se derive mi actual vocación por lo incierto”.

Ángeles Mastretta. Puerto Libre

En realidad tenemos dificultades con lo incierto y es por eso por lo que le dedicamos estas y otras  páginas, más horas de discusión y horas intensas  de estudio, atención y trabajo.

Somos psicólogas,  profesoras del nivel universitario, en una institución privada, de nuestra ciudad de Córdoba. Trabajamos desde  el cobijo siempre inquietante de la Psicología Social, como trampolín desde el que nos zambullimos en la realidad que atravesamos, desde y para la cual abrimos el juego a nuestros alumnos y a nosotras mismas cada año.

Hoy, lo incierto no sólo deriva de una cuestión de vocación (al decir de Angeles Mastretta) sino de una realidad que nos atraviesa a todos y en cada uno de nuestros actos como sujetos sujetados y subjetivados en el mundo de hoy.

En este paisaje-realidad nos preguntamos en cada paso ¿cuáles son los posibles de la educación?.

No lo sabemos claramente. Sabemos sí, cuál es o mejor dicho «cual está siendo”[1] nuestra realidad posible. Y la queremos compartir.

Trabajamos en una constante redefinición de lugares, de modos de percibir y de condiciones que determinan y definen nuevos actos educativos.

La disposición, la creatividad y el juego, son elementos  que desplegamos para habilitar un proceso de nuevos posibles en un más allá de lo establecido, en un más allá del borde de lo pensado y esperado; que da lugar a nuevos modos de ser y hacer docente alumno, construyéndose en el aquí y ahora particular de cada situación.

Entendemos que  “Ser docente implica sembrar. Cuando uno siembra sabe que semillas usa pero no sabe cómo será la planta y ni si dará frutos….   Querría tener la semilla de la emancipación…, que me permita despertar la inteligencia de los chicos y ayudarlos a que la desplieguen en pos de la construcción de su subjetividad…. Para eso hay que poder romper con la relación causal, lineal entre explicación del maestro y comprensión del alumno. Para eso hay que pensar nuevos posibles, antes inimaginables, hay que agotar clichés, hay que gestar nuevos territorios. La cuestión no es ver la cantidad o el valor de los contenidos, sino descubrir junto con los chicos los sentidos propios y compartidos, entre otras cosas, de los contenidos. Darles sentido, buscarlos, encontrarlos, perderlos y volverlos a encontrar o a reinventar. Hacerlos jugar en nosotros y con otros.”[2]

Puede sonar poético, épico o utópico. De todos modos la realidad se ocupa de alejarse permanentemente de esas aguas y nuestro trabajo docente se acerca más al vuelo de las aves que aún con un plan de vuelo jamás volarán en línea recta.