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La estrategia del cuidado

¿Cómo pensar la necesidad imperiosa de cuidarnos en este momento tan difícil que vivimos?

Los seres humanos somos hijos del cuidado, sin ellos nuestra vida no sería posible, siendo la trama de la vida un lugar del que somos y formamos parte, convivimos con otros seres humanos y con la naturaleza. Como dice Denise Najmanovich la Modernidad marcó un modo de concebir los cuidados, se organizó bajo un estado cuidador, importante por cierto. Pero tal vez, esto fue en desmedro de la posibilidad de  habitar, pensar y sentir  el cuidado como responsabilidad frente a la vida, y valorizar los cuidados cotidianos que damos y recibimos, sin los cuales se haría muy  difícil sostener la vida. 

Es probable que nos hayamos formado bajo la idea occidental que privilegió la idea de “luchar por la vida” y desestimó “la ayuda mutua” clave para la supervivencia, lo que no implica anular los conflictos, sino sostener la tensión que forma parte de la vida desde una perspectiva que incluya la comunidad y la solidaridad como responsabilidad social compartida. 

Necesitamos dar cuenta de que tenemos en común como humanidad y componer un trayecto que no nos disocie a los unos de los otros ni de la naturaleza. El cuidado no es propiedad de nadie, ni de  ningún plan sagrado. Comprender  la vida -desde una mirada inmanente-  es una invitación a no limitar nuestra responsabilidad en el “cuidar” a nosotros mismos y a los demás, y a pensar que todos estamos implicados en el cuidado de la vida.

El cuidar pertenece a la generación, reproducción, mantenimiento y conservación de la vida y por lo tanto de los encuentros y de los vínculos, está ligado al interés por uno mismo y por el otro, y supone cierto compromiso ético  personal, involucrarse e implicarse.

Desde esta posición el cuidar tiene que inscribirse en el marco de la dimensión del semejante. ¿Y de qué se trata eso? Se trata de una lógica, de un modo o modelo que delinea nuestras acciones.  La lógica del semejante, el campo del semejante es aquel que habitamos todos y todas las personas. El semejante es toda la humanidad, decía Silvia Bleichmar. Cuando el campo del semejante es acotado y excluyente su operatoria marca diferencias para los que están dentro de ese campo y a los que deja por fuera. Nos sobran las experiencias dolorosas atravesadas por la humanidad. 

En estos tiempos que nos tocan vivir, donde la pandemia arrasa con la salud y la vida, el trabajo, el tiempo…todos habremos perdido algo, y esa es la única certeza que tenemos. Pero si las pérdidas son sobrellevadas entre todos, son transformables, otra vez estamos hablando del campo del semejante. Entonces si dentro de ese territorio podemos articular cuidarnos entre todos y entre todas, pues estaremos dentro de un contexto compartido que opera con capacidad de generación del cuidado. El malestar, el sufrimiento y la necesidad social actual nos está demandando -a gritos-  una responsabilidad propia (no individual) y compartida. A la vez comprometida con la composición del campo del semejante donde estamos inmersos e incluidos. De este modo, y posiblemente sólo de este modo, tendremos la posibilidad esperanzadora y operativa de construir la estrategia del cuidado como soporte de la realidad y de nosotros mismos. Así estaremos en condiciones de comprender que las acciones de cuidado: lavarse las manos, uso del barbijo, distanciamiento, aislamiento, etc., no son sólo prácticas activas de una serie de operaciones mecánicas que se realizan por imposición, por mandato o por slogan (en el peor de los casos); sino que se trata de una continuidad de acciones concretas enmarcadas en un sistema estratégico de cuidado y responsabilidad social que nos dará a cambio una posibilidad de futuro -ni más, ni menos-. 

Cecilia Petit & Soledad Graglia