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Incertidumbre en la cultura contemporánea: desafíos para pensar el futuro

 Lic. Cecilia Petit-Lic. Soledad Graglia

Hasta la segunda mitad del siglo XX el modo de organización social tenía como eje articulador al Estado, que desplegaba un conjunto de “tecnologías de gobierno” para generar un proyecto dominante. La lógica estatal.

Asistimos al desvanecimiento de la lógica estatal en pos de la aparición de una nueva lógica: la lógica mercantil. El soporte subjetivo de la organización social ya no es el ciudadano producido por las instituciones disciplinarias sino el consumidor instalado por los artefactos de mercado. Esto nos pone de cara al mundo de la diversidad, “un mundo bizarro”, antes impensable, poblado de una multiplicidad de mundos posibles que buscan actualizarse al mismo tiempo.

Encontrándonos frente al pasaje de una subjetividad ciudadana a una subjetividad de mercado cuyas operatorias subjetivantes adquieren la modalidad de desgarro, fragmentación y desligadura. 

Bajo esta coordenadas nos preguntamos por dos lógicas específicas: la de la subjetividad hoy y la lógica de futuro que ella instituye.

Tiempo y espacio son matrices simbólicas que organizan la vida psíquica desde el inicio, a la vez que son constructos sociales, cada cultura y cada época determinan su concepción. En tiempos de aceleración como al que asistimos la idea de tiempo secuencial cronológico es impensable: “el tiempo es hoy”, “ el futuro es hoy”.

En tiempos de fragmentación, la lógica del futuro, se desvanece. Pareciera tratarse de una incapacidad del sujeto para construir una representación de futuro acorde a las contingencias constitutivas de la fragmentación y la aceleración.

Hoy, no se trataría del futuro como un estado por venir, sino un lugar en permanente de-venir, en tanto modo de gestión activa, creadora y personal.

¿Cómo construimos y creamos futuro?, incluyendo la idea de lo nuevo, en tanto lo nuevo es producción de  algo que no estaba antes, que es puro encuentro, que deviene.

Para que esto suceda, el futuro en devenir precisa siempre de un acto de creación.

Entendemos el acto de creación sostenido en el concepto de errancia. Como emergente, como disposición activa a tomar lo que irrumpe y agenciar algo en torno de eso.

La idea de estrategia de la composición se adecua a nuestro problema: como procedimiento vinculante, para mapear y crear el futuro en advenimiento. 

Sosteniéndonos en un concepto de sujeto cuyo psiquismo es un sistema abierto autoorganizador en permanente intercambio con el exterior. Desde Piera Aulagnier el sujeto  está condenado a la autoconstrucción continua del yo por el yo, trazando así su proyecto identificatorio. Esto significa pensar en un sujeto con capacidad permanente de investir, de metabolizar, de proyectar; en tanto no es el resultado pasivo de la operatoria de lo simbólico en él sino que, re-crea esas significaciones mediante su actividad de representación y metabolización puesta en marcha desde el inicio de la vida de una vez y para siempre.