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Dispositivos de reflexión grupal en la carrera de psicología: promoción de salud mental y formacion en ciudadania responsable.

Pensamos al sujeto desde una concepción dinámica y compleja, inserto en una trama vincular, en permanente intercambio con las instituciones por las que transita y la cultura en que se encuentra inmerso. 

Ya Freud pensaba las creaciones colectivas como proyecciones de las vivencias de desamparo, estas creaciones colectivas le dan al sujeto ayuda y protección.

Siguiendo esta línea Kaës (1981) propone que las crisis y las vivencias de desapuntalamiento se tramitan en un trabajo psíquico grupal.  

El grupo se constituye como un espacio-soporte como forma de contención frente a lo novedoso. Cuando un sujeto ingresa a un grupo, siente la angustia de no asignación, de desamparo y temor a perderse en la masividad (Edelman y Kordon, 2011). 

En los inicios de un grupo se va conformando una envoltura o piel grupal, dicha piel grupal, descrita por Anzieu (1974), favorece la identificación entre sus miembros a la vez que brinda la envoltura de protección intragrupo, que hace de filtro hacia la realidad externa, como defensa ante las adversidades del medio (Edelman, L. y Kordon, D., 2011).

A ese sostén que se vivencia en los grupos, Kaës (1992. P.15) lo define como apuntalamiento del psiquismo. Pero es necesario reconocer que en todo vínculo no sólo es sostén y protección. Aparecen también rivalidades, conflictos, tensiones que remiten al encuentro con las diferencias propias y del otro, con los juegos de poder en las tramas vinculares. Esto genera sensaciones de desapuntalamiento y crisis que movilizan a los sujetos a la búsqueda de alternativas para enfrentar este malestar (Moscona, Mauer y Rezinsky, 2014).

Para que en un grupo el pensamiento emerja como trabajo se debe hacer el duelo por lo desconocido, tolerar la pérdida de referentes y los conflictos que suscita el pensar diferente, sosteniendo entre varios la confianza (Gigena, 2009). Kaës (2005) entiende que la base del interés por el intercambio intelectual se encuentra, precisamente, en el placer de pensar juntos. Supone confianza e identificación con la actividad de pensamiento del otro, generando sentimientos placenteros al descubrir y resolver juntos aquellas dudas que como semejantes poseen en un momento determinado. 

Pensar ‘con’ implica al menos dos, en efecto, la presencia con otro que aparece como interlocutor que lo interroga, a través de un diálogo que lo descoloca y puede provocar desencuentros, malos entendidos, reproches, pero también puede ser capaz de favorecer la creatividad. 

Estos desarrollos sobre la grupalidad permiten la apertura a nuevas perspectivas teóricas y técnicas del trabajo con grupos.