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De inicio 2020…

En estos últimos años y gracias a los avatares que hemos ido atravesando en el camino y a los que por suerte hemos estado atentas (a veces más a veces menos), y muchos de los avatares a los que nos referimos son las inquietudes e interrogantes que se han desplegado en la clínica misma, en los intercambios con colegas o futuros colegas e incluso con estudiantes y profesionales que nos son del ámbito “psi”. Estos mojones de nuestro recorrido, que son muchos y ocurren con gran frecuencia, nos han llevado a vernos las narices con disciplinas y dimensiones de la ciencia y del quehacer humano, como la política, la comunicación, la antropología, la sociología, la pedagogía, la historia, y la filosofía, saberes desconocidos en muchos casos.

La idea, a partir de estos encuentros…interdisplinares…por llamarlos de algún modo. Ha sido y es cada vez más, intrincar, tejer los hilos del psicoanálisis conjuntamente con esos otros hilos, para poder acercarnos al objeto de estudio: el ser humano…lo humano, con una lupa que permite una mirada COMPLEJA, INTRINCADA.

Rodulfo lo plantea con mucha claridad:

“Cuando escribo “el psicoanálisis” no se estrecha mi referencia a la de una psicoterapia con su “método” y su “técnica”. Más bien la referencia “el psicoanálisis” es a una disciplina que no resulta tan sencillo delimitar, una disciplina que participa a la vez de lo científico, de lo estético y de lo artesanal, convocada no sólo por sufrimientos individuales sino también por interrogaciones filosóficas y por diversas problemáticas culturales (como pueden serlo, para proporcionar un ejemplo, el lugar del juego y la religión en las sociedades humanas), con una perspectiva ética que la hace funcionar como una antropología de nuestra civilización y sus malestares. Una disciplina, en fin, donde se codean y conviven escrituras del más diverso carácter: del informe clínico de corte médico-psicológico al ensayo alejado de moldes profesionales pre-establecidos”. (2008, El psicoanálisis de nuevo).