CANSADOS, ENOJADOS, ANGUSTIADOS, TRISTES: ACTUAR SIN PENSAR. DESCONOCER EL RIESGO. PERDER LA ESPERANZA. ¿Y ENTONCES QUÉ?

En las últimas semanas asistimos a un aumento exponencial de las emociones que dan título al escrito. Cada una de estas emociones que estamos sintiendo intensamente desata un puñado de pensamientos que nos hacen actuar de manera particular, que se manifiestan en tres formas bastante concretas: la negación del riesgo que mezclado con un pensamiento mágico nos hace pensar que “no pasa nada”, que “todo es mentira” de un grupo de personas para favorecerse a sí mismos. Claro que esta forma va diluyéndose cada vez más frente al peso de la realidad concreta. Pero aún así va moldeándose y metiéndose en una segunda forma que aparece cómo sentimiento de omnipotencia. Bajo la rúbrica de “total nos vamos contagiar todos” o “los que mueren tienen enfermedades previas”, apareciendo allí esta tercer forma que se las arregla para proyectar el peligro afuera, en el más allá de uno. En los otros. Claro que en esta operación los otros son ajenos, lejanos y desconocidos. Nunca semejantes. Lo de exponencial del  inicio se comprende más fácilmente si sabemos que todos y todas hacemos las experiencias de realidad en la que vivimos; y que ellas resuenan, se representan  y se resignifican permanentemente en nuestra cotidianeidad. De allí su fuerza. 

La omnipotencia, la negación, la proyección y el pensamiento mágico que tejen lo social en nuestros días parecen ser y estar incólumes. Las catástrofes que están a la orden del día le sirven de nutrientes: la pandemia, el aislamiento, la pobreza, los incendios, la corrupción. El estado de emergencia social instalado y la amenaza a la vida corroe nuestras posibilidades de pensar, hacer y transformar nuestra existencia colectiva. Lo que se traduce en: actuar sin pensar, desconocer el riesgo, desconocernos a nosotros mismos y a los otros, descuidarnos y exponernos a  mayores peligros. Tirar la toalla.  

Hace 100 años Freud descubría la profunda capacidad humana de hacerse daño, de pulsionar hacia la desvitalización de la existencia. Mucha agua corrió bajo el puente y tantas veces hemos asistido a la amenaza de lo humano. Y no por extraterrestres o alienigenas como en películas de ciencia ficción (que no dejan de ser representaciones de la realidad) sino por nosotros mismos. Lo que también planteaba Freud en su tan vigente Malestar en la Cultura

Muchos años después Silvia Bleichmar nos enseñaba y advertía que “El malestar sobrante está dado, básicamente, por el hecho de que la profunda mutación histórica sufrida en los últimos años deja a cada sujeto despojado de un proyecto trascendente que posibilite, de algún modo, avizorar modos de disminución del malestar reinante”. La cuota de malestar social asegurado por el inherente conflicto del vivir sólo puede ser tolerado si encontramos cómo comunidad vías colaterales y creativas de hacer algo con el sufrimiento. No padeciendo así cómo así, ni sosteniendo la queja infundada del cruel destino. A la que se suma con bombos y platillos la circulación masiva de acontecimientos y situaciones que acentúan los diversos modos de negación y omnipotencia (de todo tipo y de todos los sectores sociales) en contrapunto a la ausencia mediática de modos más responsables de lidiar con el miedo, el cansancio, la angustia, el riesgo y el enojo. Por defecto, no son pocos los acontecimientos que transitan por los andariveles de sostén y creación. No son pocos los escenarios de encuentro con diferentes personas que logran hacer este entramado vital. Baste con deambular un poco más por las redes sociales cuya virtud también es tejer vínculos y promover salud integral: social, emocional, espiritual, física y cultural.   

En este y otros espacios donde pudimos tener y hacer palabras fuimos delineando un esquema de nuestro pensar en estos tiempos:  

Aprender aún cuando parece que no es posible…

Hacerle lugar a la angustia para que pueda ser tolerada…

Desacelerar, frenar y pensar…

Configurar escenarios compartidos para dialogar y encontrar en los vínculos la esperanza de alivio…

Abrirnos a la posibilidad  de reflexionar, de cuestionarnos y re-aprender, de darle un sentido diferente a las prioridades, al modo de vivir….

Sentir las afinidades, acercarnos a la gente y a nosotros mismos…

Generar encuentro aún en estos tiempos… 

Cuando la gravedad sanitaria se ha profundizado y los acuerdos sociales de cuidado se debilitan cada vez más, lo central y necesario es renovar la esperanza. Siempre podemos encontrar y tomar caminos de reconstrucción. 

Es domingo. En la radio se escuchan las voces de ingenieros agrónomos y de biólogos con un plan de reforestación para las zonas arrasadas por los incendios. Invitan a todos y a todas a involucrarse en esa acción específica. La apuesta al futuro de la naturaleza es grande, llevará tiempo pero es camino seguro. No hay promesas entre líneas, ni magia que alentar. Hay trabajo sistémico que sostener. 

En esa misma dirección es hora de regenerar el pensamiento creativo, transformar el tejido social para producir brotes, lazos y modos sociales que dejen los binarismos estériles de lado y apuesten al futuro en común. “Porque lo que lleva a los hombres a soportar la prima de malestar que cada época impone, es la garantía futura de que algún día cesará ese malestar, y en razón de ello la felicidad será alcanzada” (Bleichmar 1997).  Para todos y para todas…. de eso se trata tener esperanza!!

Soledad Graglia – Cecilia Petit

Octubre 2020